Agricultores plantan árboles por dinero de países contaminantes
Repletando sus terrenos deforestados con pino Ponderosa, y dejándolos crecer durante 30 años, capturarán el CO2 lanzado a la atmósfera por países que pagan bonos que les dan derecho a contaminar.
Ver video Las ganancias de 500 millones de pesos por la reforestación de unas 500 hectáreas en la Región de Aysén, estos terrenos que a mediados del siglo XX fueron destruidos por incendios forestales, serán capaces en unos 30 años de cosechar más de 400 mil toneladas de CO2.
"Hoy se habla que estos bonos de carbono podrían tranzarse alrededor de 4 a 5 dólares por tonelada, y se piensa que una hectárea dependiendo de la especie podría generar entre 400 a 650 toneladas de carbono por hectárea", asegura Marta Ábalos, directora ejecutiva del Instituto Forestal.
Los cálculos para determinar la captura de CO2 fueron establecidos en estudios internacionales. Se analiza el suelo cada cierto tiempo y se saca una equivalencia. Un proceso meticuloso y exacto, pues están en juego millones de dólares de empresas y gobiernos que pagan por su derecho a contaminar.
Paola Conca, gerente de Medioambiente y calidad ProChile plantea que "tanto las empresas como los gobiernos o los individuos pueden transar, vender o comprar reducción de emisiones de gases efecto invernadero".
Los bonos de carbono, la unidad a través de la que se comercializa el derecho a contaminar, surgió con el protocolo de Kyoto como la mejor alternativa para descontaminar el planeta.
La idea es que una empresa contamine y pague por eso, asegurando que en otra parte del mundo un bosque o una hidroeléctrica está capturando el CO2 que ella disemina por la atmósfera.
Somos quintos a nivel mundial en este tipo de exportación no tradicional (India, Corea, Brasil, China, Chile).
Nuestras actividades silvoagropecuarias tienen mucho potencial, al negocio se han sumado incluso los productores de carne, transformando los desechos de los animales en energía.
Actualmente Chile transa cinco millones de toneladas de CO2, aproximadamente 50 millones de dólares, casi lo mismo que generan las exportaciones de berries.
Las proyecciones indican que en cinco años más Chile capturaría 31 millones de toneladas de Co2, y las ganancias igualarían a las de la exportación de truchas.
Nuestros principales compradores de contaminación son la Unión Europea y Japón y para abastecer la creciente demanda ya hay cerca de 90 proyectos listos para ser estudiados.
Se espera que se duplique la cantidad de toneladas de CO2 de aquí al 2012 y con esto también el doble de ingresos que los que hoy tenemos.
Mientras el proyecto de forestación de Aysén aún está en carpeta, quieren postular durante el segundo semestre a las Naciones Unidas. Un proceso largo, que durará por lo menos un año, y que podría transformar a Chile en uno de los pioneros en este tipo de proyectos, un nuevo mercado en el que el negocio forestal va más allá de plantar árboles, talarlos y transformarlos en cerros de astilla.
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